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El fracaso escolar es cada día mas frecuente en niños y jóvenes de esta época, ya que la competitividad en el aprendizaje, en las inteligencias y en la adaptabilidad de vida es un foco detonante y demandante para los padres preparados o dedicados en gran intensidad (campo, tiempo y espacio) al menor. Mucho del fracaso escolar se debe a la pobre atención que tienen los niños por parte de los padres o tutores (madres y padres trabajando en turnos completos o demandantes) lo cual llega a ser crónico dentro de la atención infantil (revisión de tareas, convivencia familiar, confianza y comunicación padres e hijos, actividades de tiempo de ocio y extraescolares). En algunas veces el fracaso escolar es detonado por enfermedades neurológicas (alteraciones de las ondas electro-encefalográficas marcadas como en la madurez tardía en el aprendizaje, epilepsias, convulsiones, agresividad, TDAH, daño cerebral en cierto grado, etc.) a lo cual no se da atención oportuna interdisciplinaria: neurológica y psicológica, y claro esta que esto repercute en los procesos cognitivos superiores, que son: atención, concentración, memoria, planeación, organización, control y lenguaje. De este modo se bloquean los proceso intelectuales y a su vez los conductuales, marcando una clara deficiencia o incompetencia en el aprovechamiento del aprendizaje. Por otra parte, algunas alteraciones alérgicas (al clima, algún medicamento, algún alimento, plantas, animales, etc.) donde no ha habido una atención oportuna o continua por parte del especialista pueden estar ocasionando alteraciones bio-psicológicas constantes que propician la mala asistencia o deserción escolar; el niño falta constantemente a la escuela y posteriormente deserta, por burlas de sus compañeros, sacar malas calificaciones, retrazo en los planes y programas educativos y posteriormente la baja autoestima ocasionada por el rechazo social. En otras veces, algunos niños con trastornos de lectura, calculo, expresión escrita, alteraciones visuales, auditivas, motrices o de la comunicación tienden a fracasar por oportunidades en planes y programas educativos responsabilizando al maestro y al padre (no realizan una adecuación en la currícula, no adaptan el plan y el programa especial, no se capacitan para atender la identificación y canalización a los especialistas como son el psicólogo infantil, quien evaluará, diagnosticará y proporcionara el tratamiento y los apoyos a diversas interdisciplinas: neuropediatra, audiólogo, terapeuta de lenguaje, terapeuta físico, oftalmólogo, trabajador social etc. si fuera necesario). La diversidad cultural se vincula a los diferentes tipos de intereses, habilidades y oportunidades esto viene a desarrollar diversas inteligencias que podemos aprovechar como padres y maestros para lograr el desarrollo integral del niño. Las inteligencias múltiples las podemos conocer como espacial, lingüística, lógico-matemático, social, intrapersonal, interpersonal, perceptivo y emocional, logrando con ello el juego entre algunas de ellas tomándolas como fortalezas y no centrándonos en las debilidades del paciente. Tenemos que utilizar la inteligencia identificada en el paciente en la cual tiene amplia habilidad para desarrollar sus potencias ej. Identificar si es viso-auditivo, táctil y espacial, perceptivo, intrapersonal, interpersonal, etc. De esta manera podremos centrar las técnicas psicoterapéuticas en los intereses del niño. Es necesario como principio fundamental llevar al niño al terapeuta infantil para una evaluación psicológica completa y de esta manera poder identificar una diagnostico oportuno y asertivo para posteriormente apoyar en las necesidades de aprendizaje, de conducta o emocionales del niño que están afectando el aprovechamiento escolar.
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