El déficit de atención
es un trastorno neuroconductual que se ha identificado en el área
familiar y escolar frecuentemente, alterando las emociones y el
aprendizaje, donde el niño principalmente el preescolar tiene
problemas para centrar la atención visual, auditiva, táctil, en su
caso cognitiva y de conducta.
Los maestros
frecuentemente me han canalizado niños por bajo rendimiento escolar,
mala conducta, alta agresividad, o en casos extremos marcando crisis
serias por baja autoestima, depresión o por impotencia al no
responder con un ritmo de aprendizaje a la par de los demás, o en su
caso no cumplir con las expectativas de los padres.
De acuerdo con la O.M.S. se estima que 20 % de las personas
entre 1 y 20 años de edad tienen una condición mental que requiere
tratamiento, sin embargo solo 1 de cada 20 recibe manejo adecuado.
Estas cifras se incrementan en países en desarrollo, como el
nuestro. Aunque en México aún no existen estudios que permitan
conocer la dimensión de este trastorno entre nuestra población,
algunos estudios epidemiológicos estiman una prevalencia entre 6.6 y
9.5% en la población de 4 a 16 años (Bird et al., 1988).
Ocasionalmente todos podemos tener dificultad para mantenernos
sentados en un mismo lugar, atender sin distraernos o controlar
nuestros impulsos. Sin embargo, para algunas personas estos
comportamientos son muy marcados y se presentan de forma inapropiada
para la etapa del desarrollo en la que se encuentran.
Algunos de los
signos y rasgos para diagnosticar un niño con déficit de atención
con hiperactividad son los siguientes (enfatizando 6 o más de éstos
signos podría haber una probable déficit de atención, o en su caso 6
o más de los signos impulsivos podría haber una hiperactividad, o la
cual puede ser una alteración de tipo combinada (Déficit de Atención
con Hiperactividad).
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1. Inquieto, se
mueve mucho en su lugar. |
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2. Hace ruido
cuando no debe. |
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3. Exige
inmediatamente lo que quiere. |
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4. Se pasa de listo
(atrevido). |
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5. Temperamento
explosivo. |
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6. Demasiado
sensible a ser criticado. |
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7. Distraído o poca
capacidad de atención. |
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8. Molesta a sus
compañeros. |
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9. Sueña despierto
(en la luna). |
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10. Hace muecas y
es malhumorado. |
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11. Cambios de
humor rápido y drástico. |
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12. Peleonero(a). |
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13. Sumiso ante la
autoridad. |
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14. Inquieto,
siempre de arriba para abajo.
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15. Impulsivo y
nervioso. |
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16. Demanda
excesivamente atención del profesor. |
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17. Parece poco
aceptado por el grupo. |
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18. Lo mandan
otros niños fácilmente. |
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19. Se le
dificulta jugar limpiamente. |
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20. Su
capacidad de líder es limitada. |
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21. Batalla en
terminar lo que empieza. |
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22. Niega sus
errores y culpa a otros. |
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23. Se lleva
mal con otros niños. |
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24. Poco
cooperativo con sus compañeros. |
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25. Se frustra
fácilmente en sus actividades. |
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26. Se niega a
cooperar con la maestra (o). |
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27. Dificultad
en su capacidad de aprender. |
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Es
importante que sea diagnosticado por un especialista infantil para
dar un seguimiento asertivo y oportuno, porque en algunas veces
podría estarse tratando de un diagnóstico equívoco y por
consiguiente una atención equívoca.
En
mi práctica privada, me he dado cuenta de que es importante que los
padres y maestros conozcan las alteraciones internas y externas del
Déficit de atención con o sin hiperactividad, y se den cuenta que es
de tratamiento interdisciplinario (psicólogo infantil,
neuropediatra, maestro o pedagogo), así como también la atención
canalizada al psicólogo infantil oportunamente para poder trabajar
con ejercicios, ya sean multisensoriales, procesos mentales
superiores, creatividad y ejecución y dialogo clínico antes de que
avancen la pereza o madures tardía de algunos neurotransmisores
cerebrales en el niño, de esta manera se atenderá sin uso de
medicamento. Es importante conocer que los
medicamentos son
un estimulante a este tipo de neurotransmisores (dopamina o
serotonina en su caso) y es muy necesario el diagnostico del
neuropediatra o paidopsiquiatra a través de estudios de Electroencefalograma
o algunos otros indicadores en el caso de niños con un déficit de
atención e hiperactividad grave o fuerte que SI
necesiten medicamento, dando una atención
interdisciplinaria para mejorar el desarrollo personal, familiar,
social y escolar del niño,
y a su vez prevenir alteraciones mayores como probables convulsiones
o epilepsias en algún área del desarrollo.
Posteriormente,
identificar
si
es necesaria la
valoración neurológica
completa.